2008
Hacer propósito para el nuevo año es algo que nunca se me ha dado bien, pero la verdad es que en este comienzo la suerte ha decidido por mí. Infección vírica galopante y voilà, cuatro kilos menos. Es una forma de empezar. Sobre todo si tenemos en cuenta que todo el mundo parece añadir peso en esta época, no deja de tener su gracia que yo lo pierda. Lo que me trae a la cabeza una historia curiosa y es la de cómo pasé por primera vez de ser una bolita redonda y simpática, por encima de los 65 kilos, a una talla 36 (nunca volverán esos tiempos). Las llamadas telefónicas. Así fue.
Todo empieza siempre añadiendo una pequeña parte a otra, también pequeña, pero cuando decides mirar atrás y contar, te encuentras con el cesto lleno. No importa si hablamos de coleccionar cromos, o de ahorrar euritos o de perder kilos. Siempre sucede de la misma manera y es poco a poco y con cierta voluntad perseverante.
Corría el año 2004, esta señorita que suscribe tenía la misma ventaja horaria en su trabajo que tiene en la actualidad, esto es, jornada intensiva, que entre otras cosas te sirve para ponerte ciega de comida al mediodía (el de las 12:00, no el de esta tierra, que es a las 15:00) y por la tarde. Y lo mío era atacar un pincho a las once en la cafetería que se terciara. Ojo, un pincho de mi tierra es un bocadillo de pan relleno de espárragos trigueros en revuelto con gambas, o mi favorito, el llamado "homenaje al colesterol", que consiste en un bocadillo de pan relleno de bacón, huevo frito y patatas fritas, amalgamado todo ello con mayonesa. Y por la tarde le daba a los dulces, sin compasión. Tarta, croissant, pasteles, en fin, lo que pillara. Y de repente me enamoro. Jur! Y comienzan las llamadas telefónicas. Duraban una hora por la mañana y dos o tres por la tarde, cada día, uno tras otro. ¿Habéis intentado comer mientras habláis por teléfono? No es posible, al menos no si tratas de impresionar a tu chica, mala cosa. Luego vinieron las mariposas esas en el estomago y las preocupaciones, y todas ellas anidaron y se llevaron más kilos, pero los tres o cuatro primeros, esos que resulta tan difícil hacer desaparecer, se los llevó el teléfono y las horas de conversación. La hora bruja, como a mí me gustaba llamarla, acabó con el pincho y con las meriendas.
Hoy esos tres o cuatro imposibles kilos se los ha llevado un virus que me ha destrozado el estómago, pero el caso es que no están, y ahora me siento mejor porque hay un trabajo hecho que no me ha costado hacer. Y no quiero desandar el camino, sobre todo porque además de estar cerca de mi peso ideal no me cabe duda de que el hecho de sentirme contenta conmigo me hace sentirme más segura, y ahora mismo necesito esa seguridad como quien necesita la comida. Toda una paradoja.
Bueno, me gustaba eso de que la dependienta me preguntara la talla y no mentir, porque resulta muy difícil pronunciar según que cosa.
Ay, los amores en la distancia. Bueno, los de la cercanía son más ahorrativos, no gastas en teléfono.
Navidad
Me han robado la Navidad.
Esta podría muy bien ser la frase final de un año ciertamente maldito. Yo sé pudo ser peor, mucho peor, pero con lo que he tenido ya ha sido más que suficiente. Paso palabra.
Me planto.
Adiós 2007.
Seguro que te recordaré.


Bigotes.
Queda demostrado científicamente: los gatos reconocen perfectamente el calor de una estufa como algo digno de respeto. Pero no tiene ni la más mínima idea de que acercarse a la llama de una vela les quema los bigotes.
Te quiero igualmente Lari.
Cada noche.
Cada noche escribo una frase de ánimo, cada noche. Escojo una foto y trato de hacer cumplir un sueño, el de una persona que es muy importante para mí. Y cada noche vuelvo a sentarme delante de mi ordenador, cada noche, para leer lo que personas que no conozco me escriben. Sola. Y esas palabras tiran de mí con fuerza, en una casa donde sólo estamos mi gata y yo.
Lo que me asusta es lo que siento cuando apago el ordenador.
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Y espero, por cierto, no conoceros nunca, porque se da la circunstancia de que esta semana he tenido kedada con tres blogeros y mira por donde, no han vuelto. Qué cosas, juro que no les he hecho nada, palabra. Sólo espero que mi autoestima herida no sufra más de lo necesario.
Tiempo.
Me niego a escribir en mi blog solamente cuando estoy a la baja. Además, yo no soy persona a la que le den eso tan típico de esta tierra, los bajones, que deberían catalogarlos como enfermedad propia mediterránea, autóctona y con denominación de origen, caramba, que los tienen un día si y el otro también.
Pero...¿qué le pasa a la gente? ¿Tan difícil es vivir con cierta alegría?
Lo que me hace pensar en las personas de permanente mal humor. Vamos a ver, la pregunta que me surge es, ¿serán conscientes de que no hay quien las aguante? Porque lo que está claro es que yo huyo de ellas. No hay nada más terrible que una persona mal encarada, de esas que parece que se lo debes y no se lo pagas, o que parece pensar, cuando te acercas, que, por narices, le vas a fastidiar el día, pues mire usted, la verdad es que si le sienta mal levantarse, no se levante, que ya somos muchos en pie.

Tengo horas. ¿Se nota?
Las regalo!!! Sé que no es posible, pero en mi ánimo está el hacerlo.
Mira en tu correo, a lo mejor te he dejado alguna.
La frase.
"Y ...¿si lo dejamos para mañana?"
Pronunciada a las 15:45. No por mí, naturalmente.
Palabras.
Le doy mucha importancia a las palabras, quizás no sean tan vitales como los hechos, a lo mejor es un protagonismo excesivo, pero creo sinceramente que su poder es mucho más amplio de lo que a simple vista pueda parecer.
Me gusta leer, admiro profundamente a quienes tiene el don de conjugar estos signos para trasmitir desde esa maestría lo que piensan o sienten. Es un don, sin duda.
Las palabras producen una huella en quien las escucha, y siguen con su eco martilleando nuestra vida mucho tiempo después de haberse pronunciado, y se las llevará el viento, que dice el sabio, pero realmente pueden ser como puñales de hielo.
Hay frases que nadie debería escuchar, no. Palabras que pueden hundirte para el resto de tus días, te hacen sentir pequeña, ridícula, y lo único que te apetece es meterte en tu caparazón y no salir, y es que la alternativa de quedarte sorda no me atrae, me perdería la música de la vida.
Afortunadamente para mí, ha venido la maga de las palabras a decirme en el momento preciso la palabra necesaria. Y eso es más que una suerte, es un alivio, porque ha sumado fuerzas a un ánimo que se escoraba irremediablemente y lo ha colocado una vez más en frágil equilibrio, lo que es mucho.
Como todo, las hay buenas y malas.
Gracias, Cazadora. 
Divagando.
Bueno, supongo que hay muchos temas que se podrían abordar en este espacio, podemos hablar de si mejor belén o árbol, de que hay gente con manías muy raras, que si el puente y las vacaciones…
Pero yo no sirvo. Lo que a mí me gusta es hablar de lo que siento y de cómo lo siento. Y lo que me gustaría es escribir sobre el contagio. El de los sentimientos, naturalmente.
He empezado a trabajar después de muchos meses sin hacerlo, y juro que mi estado de ánimo es inquebrantable, arriba y más aun. Me gusta mi trabajo y todo lo que lo rodea. Es por esta razón, por el hecho de que estoy muy animada, que ciertos acontecimientos no han conseguido derribar esa alegría, pero soy consciente de que una ilusión se puede romper por cualquier cosa. Sobre todo por la desilusión ajena. Es fácil dejar que tus problemas salgan fuera de ti, contarlos a una amiga, a tu pareja, a un familiar, o a un blog, pero deberíamos darnos cuenta de que ese exorcismo hace que las preocupaciones, las decepciones, las angustias propias vayan a parar a otra cabeza, y que sea, probablemente, la que más feliz está en ese momento.
La desilusión es el cáncer de los sentimientos, te devora y deja sin fuerzas, te destruye y aniquila. Y deberíamos tomar nota de que no podemos, con nuestra desilusión, romper la ilusión de los demás.
Si te dicen que hay truco, vale, pero que te enseñen el truco….
Y entonces uno se pregunta para qué demonios sirven los amigos, para qué es que existe la confianza. Naturalmente que está para eso y mucho más. Pero si mi ilusión se sujeta en la tuya y yo hago equilibrios por no perderla, no la destruyas porque tú la has perdido. Pide ayuda, busca, recupera, pero no mates la mía.
Hay muchas cosas injustas cada día, quizás el secreto está en no dejar de vivir el momento por pensar en todo lo que podemos vivir.
Un brindis.
Que bueno! Acabo de ver el nuevo anuncio publicitario de Freixenet (qué cosas se me ocurren, oye). Es genial! Scorsese, lo más de lo más.
Está de moda, véase a David Lynch y su anuncio para Gucci.
El caso es que me encanta la publicidad y como sólo tengo cinco canales de televisión y uno autonómico que me esfuerzo mucho por entender, y no cuento la sexta porque es imposible, no puedo localizar una señal decente, pues me paso la mayor parte del tiempo que dedico a la comida sentada viendo un bonito programa de anuncios. Cómo será la cosa que a veces se me olvida lo que estaba viendo, que hasta con las noticias hacen cortes para la publicidad, caramba. Me gustan mucho los de la BMW, y el nuevo de Mini me encanta por su color y puesta en escena, alguno de los de perfume, vale, ea, son una ñoñez, pero alguno está bien, y el de D&G, of course. También tengo odiados, aquí hay un apartado general que son los de juguetes, por favor, cambio de canal, a riesgo de vomitar si me quedo. Uno de los que no soporto es el del Opel corsa. Pero vamos a ver, ¿cómo se puede llamar a un coche "C’mon"? ¿Qué los jóvenes son idiotas o qué? No me compro yo ese coche ni de coña. Y menos con esos muñecos tan raros.
En fin, que lo que yo venía a decir es que me gusta mucho el anuncio de cava y que ya era hora de que desaparecieran esas burbujas, que las pobres ya necesitaban unas vacaciones.
Por cierto, no lo he visto en web de Freixenet, lo he visto en You tube.
Cómo cambian los tiempos.

Menos uno.
Hace mucho frío, no paro de toser y tengo que ir a la Clínica de la tortura, diosa que tedio.
Ayer estaba enfadada por algo que a mí misma me parecía una tontería, pero esta mañana me he levantado pensando que si para mí es importante, por qué razón voy a dejar de pensar asi?
No quiero que algo se quede enterrado dentro de mí porque pienso que los demás no le darán importancia, es evidente que será así, es a mí a quién afecta, y lo hace con la intensidad justa para cambiar mi humor, y ponerme triste y no quiero que quede en el olvido. Me queda un día para salir de este año maldito, que ha tenido sus cosas buenas, claro que sí, pero prefiero archivarlo. Un día, y he pensado que puedo acabar cambiando este año con una simple frase.
Voy a ello.

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